Por Rosana Rivero Ricardo

Fuera del escenario Osvaldo no es un hombre cómico. Al contrario. Es más serio que Serrano leyendo una nota oficial en el Noticiero Estelar. Y eso que nos fuimos a conversar al Bar Pliska del Hotel Pernik y ni “pliska” de sonrisa.

Quizá notó la sorpresa y la contrariedad en mi rostro cuando me dijo: “A veces la gente me pregunta si estoy triste o bravo. Parce que tengo un rictus de ultra seriedad que no es tal. Lo que pasa es que soy extremadamente tímido. Me da pena exponerme delante de alguien. Sin embargo, el escenario es la mejor vía para exorcizar esos demonios”.

Hacía casi cuatro años que no regresaba a Holguín, su ciudad natal. Le Doi-me-adiós, digo, la bienvenida, antes de preguntarle sobre sus orígenes holguineros y su vocación por la actuación:

“Nací aquí en 1964, en la otrora Clínica de Frexes y Morales Lemus. Nunca estuve en Las Calabazas, pero hay gente que afirma que soy de allí. Sucedió que en un programa Sabadazo me preguntaron de dónde era mi personaje de Margot e improvisadamente le dije que del Cruce de Las Calabazas, ‘mire mi cuerpo de calabaza’, concluí. Realmente yo vivía en el reparto Alex Urquiola hasta el ’82.

“Desde los cuatro años decía que iba a ser actor, pero mi madre deseaba que estudiara música. A los seis me hicieron pruebas de aptitud. Todo iba bien hasta que la profesora me preguntó si quería ser músico. Le dije que la música me gustaba mucho, pero quería ser actor. Ahí mi madre comprendió que tenía condiciones, pero no vocación.

“En el local que hoy ocupa Tele Cristal, me vinculé a un taller de actuación para niños donde se hacían programas en la CMKO Radio Angulo. La radio fue el bautizo. Lo primero que hice fue un personaje en una versión de Cumbres Borrascosas.

“Luego vino la etapa de la vocacional que fue muy simpática. Entré en séptimo grado y ya había un grupo de teatro creado por alumnos de años superiores. Me presentaba todos los años con tremendos deseos y no me daban ningún personaje. Seguí insistiendo hasta que ellos se graduaron y formé mi propio grupo. Por eso digo que en la vida uno debe persistir. “Luego entré en el Instituto Superior de Arte (Isa) en el año ‘82 y me gradué en el ‘87. Contrariamente a lo que se hace, no me quedé en La Habana. Un grupo de graduados, voluntariamente, decidimos venir a Moa y fundamos Teatro del Este. No le interesó el proyecto a las autoridades de Cultura de aquel momento y se disolvió. Regresé a La Habana y retomé mi trabajo en el humor que había comenzado en la universidad con la creación del grupo Salamanca”.

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Osvaldo Doimeadiós se presentó por primera vez en el Festival de Humor para Jóvenes Satiricón que se desrrolla desde hace 5 años en Holguín. Foto: Carlos Rafael

No estudiaste música, sin embargo el humor musical se inserta en buena parte de tus espectáculos…

“Quizá debí escuchar el consejo de mi mamá y estudiar algo de música. Después la vida me ha llevado a trabajar con músicos y cantantes y me ha encantado.

“Todo en la vida es música. Me gusta incluirla en mis espectáculos, porque forma parte de la belleza de la vida y nuestra cultura, pues somos un pueblo tremendamente musical”.

¿Por qué crees que el humor sigue considerándose como un género menor dentro de las artes escénicas?

“Es un criterio simplista relacionado con la modorra intelectual o no ahondar en la naturaleza del arte. A veces las cosas se pueden simplificar al actor, pero todo no puede ser eso. Hay que reinventarse todos los días, superar lo que uno hace desde el guión y todos los elementos que conforman una puesta en escena, si no perderíamos posibilidades estéticas.

“En los años que estudié en el Isa empecé a hacer humor y todo el mundo se divertía. Sin embargo, si decías en los predios académicos que en eso centrarías tu carrera, los intelectuales entre comillas, porque los verdaderos sí disfrutan y comprende el género, manifestaban: ‘!ay!, ¡qué pena!. Entonces por rebeldía empecé a hacer humor. Además, este forma parte de nuestra identidad y el sentido más raigal de cubanía. Por eso lo defiendo por encima de todas las cosas”.

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Osvaldo Doimeadiós se presentó por primera vez en el Festival de Humor para Jóvenes Satiricón que se desrrolla desde hace 5 años en Holguín. Foto: Carlos Rafael

Existe el criterio de que el humor cubano está en crisis…

“El humor de calidad no es mayoría. Así ocurre en el resto de las expresiones artísticas donde hay una vanguardia y cosas no tan buenas.  Lamentablemente, al humor se juzga por el lado más malo.

“Quizás en la capital estamos más expuestos a las leyes del mercado y hay que optar por otras vías para comercializar lo que hacemos. Tal vez eso distraiga la atención de la verdadera creación. No obstante, hay grupos y solistas que siguen apostando por un trabajo de calidad como el Dúo Caricare, desde Holguín y Komotú, en Guantánamo.

“Existen zonas muy notorias que no apuestan a lo grosero, sino a lo mejor del género humano que tiene que ver con el humor blanco, pero también con la sátira social, tan útil y necesaria, aunque algunos enemigos del género traten de borrarla”.

¿El transformismo para un personaje tan popular como Margot, demanda de ti un esfuerzo especial?

“Empecé a hacer Margot años antes de que saliera en televisión. En las fiestas asumía el personaje y, sin quererlo, lo ensayé y pulí. Un día en Sabadazo, Pulido me propuso hacer un personaje y le sugerí a Margot.

“Feliciano también nació así. Llegan como un juego hasta que decido confrontarlos con el público. Lo que es un juego se disfruta y sale orgánicamente, aunque la interpretación tiene su grado de dificultad”.

Tu hija, Andrea, es actriz y se inició recientemente en el humor. ¿Cómo es esa relación personal y profesional al mismo tiempo?

“Nos criticamos mutuamente. Así ha sido siempre en el hogar. Mi familia ha participado críticamente de todo el desarrollo de mi carrera como actor. A Andrea la tuve como alumna en su último año en la Escuela Nacional de Arte, pero con el mismo tratamiento que a los demás actores jóvenes.

“Ahora soy director de un espectáculo humorístico, La cita, que ella escribió y en el que actúa junto a Venecia Feria. Estamos muy satisfechos con el resultado”.

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Las actrices Venecia Feria (izquierda) y Andrea Doiemadiós en el espectáculo “la cita” dirigido por Osvaldo Doimeadiós. Foto: Luis Mario Rodríguez Suñol

Después de una carrera tan versátil, con qué te quedas, ¿el drama o la comedia?

“Me quedo con lo que me ponga la vara alta y no me aburra, ya sea humor, drama u otra cosa. Me gusta meterme en personajes y cosas difíciles. Vale la pena correr el riesgo, porque también esta es una carrera de equivocarse y eso forma parte del proceso.

Un actor tan camaleónico, que ha probado casi todos los medios y  géneros, desde el humor hasta el horror sicológico, ¿qué le queda para el futuro?

“Me gustaría seguir apostando por el humor. Hago unipersonales y es un reto, pero quisiera realizar espectáculos con muchas personas, pues me gusta trabajar en escena con varias energías.

“Vivo el presente. Me enamoraré de los proyectos y los sacaré adelante en la medida que se puedan hacer. Seguiré trabajando en lo que la vida me ponga en el camino”.

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